Las cosas no tienen vida, nunca lo he creido sino despues de haber leido esa obra bizarra llamada “El vendedor de ilusiones” donde el libro contaba la historia del como era escrito que solo por el hecho por sumergirme en la ilusión de la lectura empece a creer que las cosas tenian vida.
A partir del primer dia de la semana, cuando regresaba a mi casa y me disponia a abrir la puerta de mi casa lo hice con total facilidad, entre solo para darme cuenta que no habia acomodado la basura para que cuando venga el Sr. de la basura se la pudiera llevar facilmente, ciertamente este nimio suceso afecto un poco mi humor, al abrir la puerta y dejarla junta para poder acomodar la basura, de la nada, quizas alguna brisa picara que pasaba por ahi trato de jugarme una broma y me cerro la puerta, eso me estreso mas de lo comun por que andaba apurado, apurado por la vida citadina que uno no entiende por que la tiene pero que te garantiza llevarte mas rapido a la tumba.
Me palpe los bolsillos, escuche el “tilin” de las llaves, estresado como estaba quizé abrir la puerta pero la llave no me respondia, hice un giro a la derecha, hice dos giros a la izquierda repetia la operacion como cualquier disco rayado repetia esa canción que menos te gustaba de todo el disco, estresado como estaba por esa fuerza herculea propia de los momentos angustiosos casi me tumbo la puerta pero al ver que no cedia, decidí por terminar de arreglar la basura.
Ciertamente el arreglar la basura me relajo un poco, volvi a intentar abrir otra vez la puerta, calmó como estaba la pude abrir sin mayor esfuerzo. ¿Qué es lo que habra sucedido? Alguna conspiración de las divinidades del momento para no dejarme entrar o quizas mera casualidad, nada que la fisica no pueda explicar. A decir verdad no lo medite mucho en ese instante, me bañe, tome un almuerzo improvisado y parti a la reunión que tenia, reuniones propias de la vida citadina que uno no entiende por que las tiene pero que garantiza una reunion anticipada con la muerte.
Como toda reunion de la vida citadina, me fue mal, de regreso en ese omnibus ya viejo por andar en estas calles citadinas que se acostumbraron rapidamente a su tos flematica que siempre lo llevaban a exhalar una majestuosa cantidad de humo con su saludable color gris. Que lo dejan a uno atontando y preguntandose por que la vida citadina es tan complicada que conlleva a un estres que a veces parece ser ya cuatro.
Llegue a mi casa, me posicione al frente de mi puerta, saque la llave del bolsillo y lo puse en la cerradura, se que ustedes ya se imaginan que paso, la puerta no quizo abrir, me encarame otra vez, la golpee sin dudarlo pero no abria. En esos momentos de descontrol propia de la vida citadina recibia una llamada en el telefono movil de un amiga citadina, amigas propias de la vida citadina que uno no entiende por que las tiene pero que garantizan que te divertiras antes de llegar a la tumba.
El hablar con ella, en ese lenguaje citadino me relajaban poco a poco, risitas por aquí risitas por alla, en esta ciudad esos faroles citadinos le dan un color al cielo nocturno que te ayuda a pensar en otra cosa, y sin mas pude abrir la puerta. Pactamos alguna cita para uno de estos dias en esta gran ciudad.
Al cerrar la puerta me di cuenta de lo que habia sucedido, habia logrado entrar, en esos momentos recapitule un poco y me percate de algo la puerta solo estaba abriendo cuando estaba relajado, quizas en esta vieja casa citadina mi puerta habia adoptado una personalidad, una personalidad propia de las vida citadina que uno no entiende por que las tiene pero que garantizan la forma en que te veran a la hora de llegar a la tumba.
O quizas por razones cosmicas, divinas, misteriosas, como asevero alguna vez mi abuela: “de seguro aca ha metido la mano peluda el Sr. diablo”, mi puerta ha sido cambiada por una puerta japonesa, respondiendo siempre al estereotipo que los asiaticos son los mas avanzados en la tecnologia, y que esta nueva puerta que luce igual, huele igual y hasta sabe igual que la vieja puerta, ahora era capaz de saber si el usuario esta de buen humor o mal humor, que maravillosa puerta habia obtenido de esa manera me fui a dormir tranquilo.
Sali como siempre de mi casa, volvia despues de mucho rato [ y este no es el masculino de rata] alegre por mi nueva puerta, pensando en lo millonario que sere al momento en que descubra como funcionaba el dispositivo que permitia a la puerta abrirse si el usuario estaba tranquilo, ya podia ver los comerciales en mi cabeza: “Señora diga adios a su esposo siempre llega malhumorado, que esta puerta no lo dejara entrar”, ya podia escuchar el sonido de la caja registradora mientras iba facturando todo el dinero conseguido por esta puerta.
Al llegar a mi casa, estaba calmo con un mar despues de la tempestad y me dispuse a abrirla, gire a la derecha, gire a la izquierda, lo repetia una y otra vez pero la puerta no me hacia caso, pasaban los segundos, pasaban los minutos y mi estres aumentaba, tal cual niño engreido que le quitan su juguete empece a patalear, golpear, gritar, cogi una que otra piedra lanzandola contra mi puerta. Los vecinos llamaban a la policia, los niños del barrio me daban aliento.
Segui atacando a esa puerta con voluntad propia hasta que la termine de romper, justo en el momento que llegaba la policia para llevarme detenido. Fue cuando esta esposado que le di razon a mi abuela, a la que para ser sabia solo le falto ser pobre, me percate que quizas la puerta no tuvo voluntad, sino era culpa de una de esas llaves citadinas, que uno no entiende por que las tiene pero que garantizan que romperas alguna puerta antes de llegar a la tumba.