Pequeñas cosas
julio 16, 2011

“Tus labios son rojos como la sangre” –Repetia él intensamente. Camila siempre tenia ese contraste entre su tersa piel blanca y unos labios rojos, con sus ojos negros y un pelo lasio que te parecia estar frente a frente a esa blanca nieves de los cuentos de los hermanos Grimm. ¿Quizas Camila sea una descendiente de la chica que inspiro esa historia? Y es quizas yo ese principe que la salvara de su letargo, con un sutil beso, sere dueño de sus labios por unos pequeños instantes del mundo.
Al menos eso creia yo que seria nuestra relación, pero en esta ciudad gris las cosas nunca suceden de la manera como uno llegaria a esperar. Mientras Juan caminaba por las tiendas, vio un libro de Blanca Nieves con ilustraciones, sin dudarlo, lo compro, le parecio tan sorprendente el parecido fisico entre su amada Camila y la ilustración, el vendedor, Don Marcelo, dice que este libro lo compro en Noruega en los ‘60 a una familia de ahí, que necesitaba el dinero y por vueltas del destino el era ahora como ese viejo señor a quién le compro el libro cuando era joven y estaba de mochilero por Europa. Juan aun mas fascinado por la historia decidio comprarlo sin importar el precio. Dejenme decirles que hasta el dia de hoy aún no entiendo como llego a comprar un libro por un precio así.
Camila miraba en el espejo buscando su reflejo y no lo encontraba, pasaba sus frias manos por su rostro, recordando que no habia cambiado en tanto tiempo, se amarraba cabellera, revisaba que cargara sus llaves, miraba desde el decimo octavo piso de su edificio, esbozaba una sonrisa presintiendo quién se acercaba. Decidio mientras el llegaba salir a buscar una merienda.
Juan al caminar por las tribuladas calles de esta ciudad gris, cargando en su mano derecha el libro que habia comprado por un excesivo precio, mientras su respiración se aceleraba, recreaba como seria su conversación el diciendo mira “tengo un foto tuya”, ella diciendole :”no te creo”
-Juan sacaria el libro de su bolsa-Mira esta eres tu, diria con una sonrisa en la cara
Ella sorprendendida lo veria, sonreira, luego lo abrazaria y le daria un beso.
Aunque yo como observador desde su ventana, vi que todo pasó asi exceptuando la parte del beso, en ese momento fue cuando él dijo :”Tus labios son rojos como la sangre”. Y ella sonreia diciendo: efectivamente son como la sangre, puesto es que de eso yo me alimento.
Juan trataba de esbozar una sonrisa incomoda por no entender lo que decia, miro hacia la ventana y me vio a mi observandolos, se quedo paralizado y Camila decidio beber su sangre. Mientras atravesaba la ventana, veia el libro que habia comprado por un excesivo precio y disfrutaba del haberme encontrado con el libro que yo ilustre tiempo atras, utilizando como musa a Camila que en ese tiempo tenia otro nombre.
Mientras bebiamos la sangre de Juan recordabamos las pequeñas cosas que marcaban nuestra existencia, esa existencia solitaria a traves de la eternidad, de los tiempos en que yo tenia un reino y ella se habia atragantado con una manzana.
Un tipo y una mochila llena de piedras
enero 6, 2010

Sabes soy un tipo comun, quizas como muchos otros a los que alguna vez haz conocido, pero en mi guardo un secreto y es que yo cargo una mochila con muchas piedras dentro de ella, esas piedras me hacen caminar mas lento.
Y por mi lentitud me alejo de las personas, siempre termino caminando al final, cargando a cuestas esa mochila llena de piedras, unas piedras tan pesadas, guardo a mis pecados ahi, mis demonios internos les gusta jugar con ellos.
Me alegra que mis demonios sean felices, asi ellos no vienen a fastidiarme, no me tratan de hablar. Siento de vez en cuando pena por ellos, al parecer mis demonios, mis pecados, mis piedras en las mochilas todos sufren del mismo “Sindrome del Erizo”.
Volviendose asi incapaces de relacionarse con otros para evitar dañar a los que se acercan con sus afiladas espinas, solos no por que quieran sino por que deben estar asi para proteger a los que mas aman. A veces la naturaleza, muy coqueta ella por cierto, es un tanto cruel.
Cruel como el tiempo arrollador que pasa y no pregunta, incapaz de mirar atras, incapaz de detenerse. Incapaz de dejar su mochila, incapaz de dejar las piedras que guarda.
Extraño de si mismo
octubre 9, 2009

Ultimamente he sido un tipo solitario, el trabajo cada vez se ha vuelto muy monotono y con todos los problemas familiares que he tenido, el alcohol se volvio una gran compañera pero eso traia una gran consecuencia, a las mujeres no les gustan los borrachos.
Conozco un tipo que siempre tiene una respuesta para cada pregunta, y una pregunta para cada respuesta. Me dio el correo de una de sus “amigas especiales” para que pudiera animarme, extrañamente a pesar de vivir rodeado de tanta modernidad [soy tecnico de computadoras] nunca le encontre un sentido a los chats, o a las redes sociales, me parecia que eso era para deprimidos o “emfermos sociales”, unos seres que le tienen miedo al contacto fisico y se relacionan a travez de una pantalla.
Pero mientras me creaba mi cuenta me di cuenta en que eso era lo que me habia convertido, yo era una paria social, estaba sufriendo esa enfermedad del aislamiento. A veces creo que deberia cambiar pero eso no es algo que vaya a pasar, no lo se ni lo entiendo.
Me he encerrado en la carcel de mis pensamientos, atormentando una y otra vez por esa voz que repetia “ya no te amo”, me he hundido en mi miseria solo para estar mas alejado de la realidad e irme a ese lugar fantastico que un mundo 2.0 me ofrecia.
Hablababa con Tatiana, Mirella, Aki, Miho, Michelle y cuantos nombres me encontraba, con todas una conversación casual que devenia en juegos que me alegraban, hablabamos de religion, de politica y demas. Por ratos estaba tranquilo y feliz, si es que a eso se le llamaba pero esas conversaciones fugaces, eran solo eso conversaciones fugaces, se iban tan rapido como venian.
Y cuando se iba esa distraccion, volvian esos pensamientos horribles que me atormentaban, que me dejaban peor, escribi un cuento muy triste lo publique en una web de cuentos, recibi muchos comentarios, todos me instigaban a darle final a esa historia sobre un muchacho carismatico que es un estafador, la gente le parecia divertida mi historia, pero era solo el puro reflejo de mi miseria, de mi cuento triste.
¡No aguanto mas!-Gritó sin ser escuchado, su angustia crecia mientras movia la silla con los pies, la cuerda se estiro y le apretaba mas el cuello, se movia como un pez tratando de llegar al agua, se percataba que todo lo que estaba haciendo era una mala idea, trataba de detenerse, se instaba a alcanzar la mas minima bocanada de aire pero no lo lograba. Y se quedo ahi esperando, se quedo extraño de si mismo.



