Extraño regalo de despedida
marzo 2, 2010
Mientras la cajera, de aquel conocido sex-shop, me mira con asombro por lo que andaba comprando, era un consolador rosa tamaño medium, con unos movimientos y revoluciones [tambien contrarevoluciones] por minuto que segun el manual en ingles seria el delirio y placer de cualquier chica que lo disfrute.
Vamos que si haz de comprar un regalo debe ser lo mejor-fue lo que pense. Me costo un buen dinero, aunque ciertamente no era un problema para mi, este regalo que tengo planeado sera el ultimo que hare.
Hoy no era su cumpleaños, era nuestro dia especial [un dia cualquiera que conmemora nuestro primer beso, el unico beso que realmente importa] asi que habiamos planeado reunirnos en su casa. Compre un vino, no se por que lo hice, seguro viejos malos habitos, y me dirigi a su casa, le entregue el regalo que habia hecho, ella lo abrio y sus ojos destellaron con una cierta sonrisa picara, me gusto verla asi por un momento. Ella se dio cuenta de mi cara y susurrandome me dijo que para que lo iba a necesitar si me tenia a mi.
Y pues justo era eso de lo que queria hablarle, de terminar. Ella lloro un roto, no llegue a abrir ese vino, no volvi nunca mas a su casa y supe que ella tampoco queria saber de mi. ¿Me pregunto si ese regalo lo habra usado?.
Lo reconozco a veces simplemente no soy un buen tipo.
Un tipo y una mochila llena de piedras
enero 6, 2010

Sabes soy un tipo comun, quizas como muchos otros a los que alguna vez haz conocido, pero en mi guardo un secreto y es que yo cargo una mochila con muchas piedras dentro de ella, esas piedras me hacen caminar mas lento.
Y por mi lentitud me alejo de las personas, siempre termino caminando al final, cargando a cuestas esa mochila llena de piedras, unas piedras tan pesadas, guardo a mis pecados ahi, mis demonios internos les gusta jugar con ellos.
Me alegra que mis demonios sean felices, asi ellos no vienen a fastidiarme, no me tratan de hablar. Siento de vez en cuando pena por ellos, al parecer mis demonios, mis pecados, mis piedras en las mochilas todos sufren del mismo “Sindrome del Erizo”.
Volviendose asi incapaces de relacionarse con otros para evitar dañar a los que se acercan con sus afiladas espinas, solos no por que quieran sino por que deben estar asi para proteger a los que mas aman. A veces la naturaleza, muy coqueta ella por cierto, es un tanto cruel.
Cruel como el tiempo arrollador que pasa y no pregunta, incapaz de mirar atras, incapaz de detenerse. Incapaz de dejar su mochila, incapaz de dejar las piedras que guarda.



